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  • TONIO L. ALARCÓN

    Periodista, comunicador y crítico de cine

     
  • Al caer la noche: Terror catódico americano 1970-1981

    Mi nuevo libro sobre cine, ya a la venta

  • Cursos The Cine 2018

    Alienígenas en el cine + Drácula y otros chupasangres + El planeta de los simios

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Experto en

Con más de dos décadas ejerciendo como periodista, comunicador y docente, soy capaz de ofrecer registros profesionales muy distintos.

Crítico cinematográfico

Me he fogueado profesionalmente en publicaciones con tanto prestigio como Dirigido Por o Imágenes de Actualidad, entre muchas otras.

Periodista y corrector

Tengo experiencia en redacción, corrección ortotipográfica, entrevistas, maquetación, fotografía, retoque, edición de audio… Un poquito de todo.

Docente y conferenciante

He dado clases en escuelas privadas como Observatorio de Cine o La Casa del Cine, así como conferencias y masterclasses en festivales y universidades.

Community Manager

He realizado tareas de comunicación, RR.PP. y community management tanto en empresas del sector del marketing como en editoriales.

Padre consciente

He escrito en varios medios especializados sobre paternidad consciente, y continúo desarrollando nuevos proyectos al respecto.

Últimos trabajos

Distopía y cine

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Mis cursos

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    Actualmente doy monográficos temáticos en la tienda The Cine, y de forma puntual en festivales y muestras. (+ info)

  • On-line

    Muy pronto empezaré a ofrecer webinars cinematográficos y centrados en directores clásicos y de culto. (+ info)

  • A la medida

    Si necesitas un curso de cine, paternidad o cultura en general, me adapto a formatos y exigencias distintos.

Mi blog

Sobre cine, paternidad y mis últimos trabajos

Coco

noviembre 30, 2017
Puede dar la sensación de que el título de la nueva producción de Pixar llama a engaño, puesto que así se llama la bisabuela del protagonista, Miguel, un personaje, en apariencia, secundario para la acción… Pero la realidad es que la elección de Lee Unkrich y Adrian Molina no es casual, pues aunque la historia nos coloca en el punto de vista del niño para que descubramos a su mismo ritmo la Tierra de los Muertos –es decir, la versión del Más Allá que describe el largometraje–, en realidad el eje dramático de la misma está situado en la relación Héctor/Coco. Es decir, en realidad lo que nos está narrando el filme, aunque sea en segundo plano, son los esfuerzos desesperados de un padre por volver a ver, aunque sea brevemente, a una hija de cuya vida, por circunstancias que él mismo no se explica –y que descubrirá, junto al espectador, en el clímax de la historia–, desapareció de forma súbita… Y, de alguna manera, reconciliarse con lo ocurrido, compensar todos los años perdidos y aliviar el dolor causado. Un arco dramático que queda muy bien definido en la melodía que el matrimonio Kristen Anderson-Lopez/Robert Lopez ha compuesto para el largometraje, Recuérdame –que se repite durante el metraje, y en dos ocasiones con una emotividad realmente prodigiosa–. Porque, pese a su tono vital, optimista, Coco habla de herencias vitales, de heridas primarias y de elecciones cuestionadas. Hasta el punto de que el viaje a la Tierra de los Muertos no sirve para que Miguel se reconcilie con su familia, sino que, más bien, lo que provoca es que sea ésta la que se enfrente a su propia cerrazón, a esa negatividad heredada que tan bien se resume en el arranque del metraje: la reivindicación que hace el niño de su pasión por la música, de ese talento en bruto que le ha permitido aprender a tocar la guitarra viendo películas de Ernesto de la Cruz, funciona como terapia de regresión para su tatarabuela Imelda, que reencuentra, de alguna manera, sus ilusiones perdidas. El trayecto de Miguel no es solamente, pues, uno de autodescubrimiento, sino también de reivindicación de su propio carácter, de su idiosincrasia, frente al carácter represivo de una familia marcada por las expectativas profesionales de un negocio heredado –en este caso, la zapatería–. De forma, si queréis, exagerada, pero Unkrich y Molina no dejan de reflejar aquello que los padres hacemos, a veces, de forma (casi) inconsciente: proyectar nuestras propias expectativas, nuestros sueños, en nuestros hijos –sea jugar a fútbol o convertirlos en aficionados al cine–, en lugar de escuchar sus inquietudes personales sin que nosotros las mediaticemos. De hecho, si Coco habla de la memoria familiar, y de la importancia de su conservación, es porque, siendo conscientes de nuestra herencia, somos también más capaces –como le acaba ocurriendo a Miguel– de entendernos a nosotros mismos y de reconciliarnos con quién somos y por qué somos.

George A. Romero en corto

noviembre 29, 2017
  Adoro los relatos terroríficos. Creo que hay que tener mucho talento para condensar una historia de miedo eficaz, que te llegue al tuétano, en apenas unas páginas –o unos minutos– sin caer en el tópico ni en la gansada… Sobre todo en los giros finales. Y desde los portmanteau films de la Amicus con guión de Robert Bloch, ninguna película de episodios me ha impactado tanto como aficionado al fantástico que el Creepshow de George A. Romero y Stephen King. Imposible no enamorarse de esa estructura, deudora de los cómics de la editorial EC. De los (estupendísimos) efectos especiales de Tom Savini. De la fotografía colorista y un tanto baviana de Michael Gornick –con esos planos de reacción con retroproyección que son puro tebeo llevado a la gran pantalla–. Y sobre todo, de esa mezcla de terror y diversión que explotaba, para bien, en esa maravilla que es el segmento «La caja» –con una deliciosa Adrienne Barbeau haciendo de arpía insoportable–. La cuestión es que, gracias al buen funcionamiento comercial de la película, y a su buena experiencia en ella, a Romero le picó lo bastante el gusanillo del relato corto como para encargarle a King un Creepshow 2 que, debido a las dificultades para financiarlo, dejó en manos de Gornick y se limitó a escribir –y que, pese al pobretón resultado de tener que disminuir su presupuesto a menos de la mitad del original, es defendible sólo por el episodio «La balsa», que mejora, y de qué manera, el final original de Stephen King–. Y a su vez, también se animó a producir, así como a guionizar algunos capítulos, de la serie televisiva Historias del más allá, que a su vez desembocó, unos pocos años más tarde, en otro largometraje de episodios, El gato infernal… Y con implicación de Romero en el episodio que da nombre español a la película, pues había sido descartado previamente de Creepshow 2 –de ahí que Savini la considerara una especie de Creepshow 3, si bien, es justo reconocerlo, el filme se recuerda sobre todo por el último capítulo, firmado por Michael McDowell, y que adapta la leyenda japonesa de Yuki-On’na–. Al año siguiente, Romero le dio una última oportunidad al formato colaborando con Dario Argento en la irregular, pero interesante, Los ojos del diablo, en la que, en su relectura de «La verdad sobre el caso del señor Valdemar», aproximaba la obra de Poe al relato moral(ista) de EC Comics con una imagen final que remitía directamente a su (por entonces) trilogía zombi… Como le ocurrió, en general, a su carrera, las dificultades para financiar sus proyectos le obligaron a abandonar los portmanteau, pero las incursiones en la ficción episódica que pudo realizar a lo largo de su carrera ponen sobre la mesa que, más allá de tópicos y valoraciones perezosas, detrás del cine de terror de George A. Romero había mucho más que muertos vivientes y metáforas políticas más o menos afortunadas.

Ma(pa)ternidad en el cine vols. 1 y 2

noviembre 10, 2017
No sé si sabéis que el mes pasado empecé a colaborar en una sección periódica dentro del podcast Crianza transformadora de la web El Tiempo de los Intentos, de la cual es responsable la comunicadora y asesora de maternidad –además de mi mujer, detalle importante– Cristina Oliva. Se trata de Ma(pa)ternidad en el cine, en la que, como su muy descriptivo nombre indica, ambos comentamos películas que, a nuestro parecer, den pie a reflexionar sobre la maternidad y paternidad desde la perspectiva de la crianza consciente. Acabamos de lanzar la segunda entrega de la sección, en la que hablamos de Boyhood, de Richard Linklater. Creo que los temas que surgieron son muy interesantes, y que pueden abrir una perspectiva (mínimamente) nueva sobre el largometraje. De la misma manera, también os invito a recuperar la primera entrega, en la que abordamos Una cuestión de tiempo. Estábamos un poco más nerviosos, pero aun así considero que también dijimos cosas con mucho sentido…

Stranger Things 2

noviembre 3, 2017
Permitidme, en esta ocasión, que no me centre en la estructura genérica y la miríada de referencias sobre las que los hermanos Matt y Ross Duffer han edificado Stranger Things 2 para centrarme en uno de los aspectos que más interesantes me han parecido de esta segunda temporada: el acento puesto –dentro de la irregularidad de un producto que, a partir de determinado momento, descuida sobremanera el dibujo de sus propios personajes– sobre las relaciones paternofiliales y cómo definen, y en algunos casos moldean, a sus protagonistas. Una de las anclas dramáticas de la temporada, pese a que, a primera vista, no llama tanto la atención como la amenaza del Azotamentes, es la tensión que se establece entre el sheriff Jim Hopper (David Harbour) y el nuevo novio de Joyce Byers (Winona Ryder), Bob Newby (Sean Astin). Lo que, superficialmente, puede leerse como un triángulo amoroso más o menos convencional, pero que, rascando un poco, revela un tema mucho más interesante: hasta qué punto los dos representan ideas de la paternidad alejadas que, a lo largo de la trama, irán convergiendo hasta el sacrificio climático del empleado de RadioShack. Ambos intentan, de forma paralela, llenar el hueco afectivo que arrastran dos niños con figuras paternales ausentes y, además, de carácter negativo, como es el caso de Ce/Jane (Millie Bobby Brown) y Will (Noah Schnapp). Pero si Hopper lo hace a través de una sobreprotección un tanto patológica, que esconde un miedo bastante descontrolado a la pérdida –hay que recordar que el personaje perdió a su hija Sara debido a un cáncer– y a la soledad, en cambio Bob se esfuerza, a diferencia de la mayor parte de los que rodean a Will, en normalizar su relación, hablándole a su mismo nivel. De ahí que, si este último acaba apreciando que el novio de su madre le trate con normalidad, sin urgencia –algo que expresaba en voz alta que necesitaba después de los hechos de la primera temporada–, en cambio Ce acaba rebelándose y huyendo, agobiada porque, sin darse cuenta, el sheriff está proyectando sobre ella todos sus temores y sus inseguridades. Así, a lo largo de la temporada, tanto Hopper como Bob van protagonizando un arco dramático simultáneo que, pese a sus tensiones iniciales, les aproxima. De la misma manera que el segundo emprende un camino heroico que le lleva a convertirse en una pieza clave para la derrota del Azotamentes, el primero se da cuenta, en gran parte por el reflejo especular que supone Bob, de la necesidad de dejar caer sus barreras psicológicas y de aceptar a Ce –y a la excepcionalidad que la caracteriza– tal y como es, sin condicionantes ni cortapisas. Lo que, después de todo, no deja de ser una extensión del camino de redención que atravesaba durante la primera tanda de capítulos de Stranger Things: la paternidad –aunque sea, como en este caso, casi accidental– le lleva, como a muchos que hemos vivido la experiencia, a mejorar, a reevaluarnos y a recolocarnos. Lástima, como

Choque de titanes: 50 películas fundamentales sobre la Guerra Fría

octubre 27, 2017
No voy a descubrirle a nadie que, a día de hoy, Antonio José Navarro es uno de los historiadores cinematográficos más interesantes del panorama nacional. No hay más que echarle un ojo a su anterior El imperio del miedo: El cine de horror norteamericano post 11-S o sencillamente, a su trabajo en Dirigido Por, para darse cuenta de que hay pocos críticos en nuestro país capaces de trenzar con semejante facilidad –y sobre todo, con el despliegue referencial y reflexivo del que él hace gala– el análisis cinematográfico con el estudio del contexto sociopolítico y económico. Lo interesante de Choque de titanes: 50 películas fundamentales sobre la Guerra Fría es que, en él, Navarro se enfrenta a un esquema de trabajo mucho más cerrado –como en toda la colección Filmografías Esenciales de la Editorial UOC, la estructura es fija: un artículo de introducción y una antología de 50 películas de extensión no muy larga– y logra extraerle un espléndido partido a base de pura contextualización. Es decir, consciente de que no tiene espacio para desarrollar en profundidad una teoría sobre el tratamiento cinematográfico de la Guerra Fría, lo que hace es desmenuzarla a lo largo de sus breves textos, dándole más importancia al marco político en el que habría que colocar a cada película que a temas de puesta en escena –lo que no significa, ojo, que los obvie: más bien al contrario–. Frente a un tema tan complejo, tan lleno de aristas, era complicado equilibrar la selección de largometrajes, pero Navarro lo logra incluyendo, más allá de películas propagandísticas de ambos bandos, también apuestas comerciales como Rambo: Acorralado Parte II (Rambo: First Blood Part II; George Pan Cosmatos, 1985) y documentales (más o menos) comprometidos con la causa como Hearts and Minds (Peter Davis, 1974). El libro empieza por Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques (Neobychainye Priklyucheniya Mistera Vesta V Strange Boksgevikov; Lev Kuleshov, 1924) y acaba con El puente de los espías (Bridge of Spies; Steven Spielberg, 2015), y durante el camino nos permite apreciar, a través del propio cine, la evolución del enfrentamiento USA/URSS a lo largo de las décadas. Lo cierto es que Choque de titanes, precisamente por la estructura característica de la colección, se lee en un suspiro. La división en críticas más o menos breves lo hace ideal para leerlo a ratos, de forma fragmentaria, y de hecho invita a no hacerlo de forma cronológica, sino a ir saltando por las películas que a uno inicialmente le llamen más la atención para, luego, echarle un vistazo al resto… La cuestión es que, incluso al abordar los largometrajes menos interesantes, Navarro logra darles un enfoque lo bastante sugerente como para invitar a la lectura. Siempre es buena noticia que Antonio José Navarro publique, pero si además puede abordar un tema de calado sociopolítico como el de la Guerra Fría, los lectores salimos beneficiados porque puede sacarle mucho más partido a sus capacidades analíticas y reflexivas. Desde luego, Choque de