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Toradora!

Cine
By Tonio L. Alarcón 3 meses ago2 Comments
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Resultó una grata sorpresa encontrarme con la madurez y la delicadeza con la que la directora y guionista de Maquia, una historia de amor inmortal, Mari Okada, abordaba un tema que acostumbra a tratarse de forma superficial, cuando no abiertamente cínica, como es la maternidad y toda la complejidad de sentimientos que arrastra consigo. Así que recibí con alegría la noticia de que Netflix iba a poner a disposición de sus usuarios los 24 episodios que forman Toradora!, una de las series que le ayudaron a consolidarse como guionista de prestigio en el mundo del anime de hace una década: lo vi, de hecho, como una oportunidad de descubrir a través de esta producción de J.C. Staff de qué manera, y hasta qué punto, ha evolucionado como narradora.

Lo que no esperaba encontrarme era una obra que juega de forma tan inteligente con los estereotipos del shonen romántico, utilizándolos como base para construir un grupo de personajes definidos, como en Maquia, con gran delicadeza, humanizándolos y haciéndolos evolucionar casi episodio a episodio hasta crear a través de ellos una conexión visceral con el espectador. Cierto es que Okada y el director de la serie, Tatsuyuki Nagai, adaptaron aquí una serie de diez light novels que escribió la especialista Yuyuko Takemiya –y que no he tenido la oportunidad de leer–, pero la cuestión es que logran condensar todo lo narrado en todos esos volúmenes en una sola temporada, sin sensación de premura y dando pie a una obra que, pese a sus hechuras comerciales, es profundamente personal.

A ese respecto, resulta especialmente significativo fijarse en cómo están dibujadas tanto la protagonista principal de la historia, Taiga, y su mejor amiga, Minori. Así como la primera representa, a primera vista, el prototipo de la tsundere –el personaje-tipo agresivo, en apariencia intratable, que en el fondo es tierno y sensible, y de la cual Ami sería una especie de variación–, la segunda vendría a ser una genki girl –el estereotipo de la chica siempre alegre y energética–. La cuestión es que, a la hora de la verdad, Okada y Nagai no las abordan como meras piezas dramáticas, sino como seres humanos complejos y contradictorios. Para lo cual, aprovechando las raíces psicológicas de su comportamiento detalladas en las light novels, dejan entrever esas grietas desde los primeros capítulos para, a través de las mismas, acabar deconstruyendo aquello que, sobre el papel, representan.

Y es que Toradora! es, probablemente, una de las series de anime que mejor han representado la inseguridad y la incertidumbre adolescente, así como el proceso de maduración de unos personajes que, a través del microuniverso que supone un instituto de secundaria, empiezan a atisbar lo complicado, lo doloroso, que resulta convertirse en adulto. La actitud y las maneras de los protagonistas de la historia depende mucho más de la imagen que quiere transmitir en público que de su auténtica personalidad –eso sí, en sentidos distintos, y con matices particulares–, lo que no deja de ser un reflejo de la presión que ejerce la sociedad japonesa sobre sus miembros para representar una determinada imagen, y lo difícil que resulta, en ese contexto tan asfixiante, expresar con libertad lo que realmente sientes más allá del ámbito íntimo.

Por eso mismo, el obstáculo principal de la historia de amor de Taiga y Ryuji no es, como en otros shonen románticos, otros candidatos a sus respectivos corazones –pues todos los que les rodean, desde el primero hasta el último, son conscientes desde el minuto uno, incluso más que ellos mismos, de sus sentimientos–, sino sus propios bloqueos personales. Ambos son dos adolescentes confusos, profundamente heridos, que se han acostumbrado a bloquear sus sentimientos para eludir el dolor que les provoca el hecho de proceder de familias problemáticas y desestructuradas –y con figuras paternas, detalle nada baladí, siempre ausentes: aquí también Okada explora, de forma indirecta, la importancia de la figura de la madre a través de Yasuko, la madre de Ryuji–: la sensación de familia que ambos sienten al estar juntos proyecta, en realidad, el vacío emocional que, sin ser conscientes, tenían la necesidad de llenar.

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  Cine
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 Tonio L. Alarcón

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2 Comments

  • Cincos says:

    La principal crítica que recibe esta serie es que en realidad no es tan madura como aparenta y si te fijas bien, Taiga no evoluciona tanto como aparentan la serie y su tono, en el sentido de que en ningún momento deja de ser una adolescente mimada que se sale con la suya. Para muchos, parece que Taiga madura únicamente a través de la forma que tiene la serie de expresar sus deseos como el centro de la serie, al que los demás personajes se subordinan. Para mí, parte de la maduración consiste en aceptar la realidad y los sentimientos de las demás personas y dejar de ser egoísta, y en ese sentido Taiga no evoluciona.

    • Tonio L. Alarcón says:

      Lo he leído, y no estoy de acuerdo en absoluto. Taiga, gracias a la influencia no sólo de Ryuji, sino también de Minori y Ami, no solamente logra hacerse una persona más autónoma, sino lo que es mucho más importante, a no tener miedo a perder a los demás (o por decirlo de otra manera, al abandono). Además, su gesto final de intentar reconciliarse con su familia es un signo importantísimo de maduración: está apartándose de las personas que le han hecho feliz para iniciar un proceso emocional complejo y, seguramente, doloroso, que le harán convertirse en una persona más fuerte y más completa.

      Por otro lado, no veo donde se aplica el supuesto egoísmo de Taiga al hecho de que renuncie a sus auténticos sentimientos hacia Ryuji en favor de Minori. Si, como tú dices “parte de la maduración consiste en aceptar la realidad y los sentimientos de las demás personas y dejar de ser egoísta”, eso es justo lo que ella hace.

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