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Love, Death & Robots

By Tonio L. Alarcón 5 meses agoNo Comments
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De la frustrante imposibilidad para Tim Miller y David Fincher de llevar a cabo una reconceptualización de Heavy Metal, aquella adaptación animada en formato de antología de varias historia de Métal Hurlant –el único estudio que apostó por ello, Paramount, se retiró pese a la implicación en aquel proyecto de nombres como Zack Snyder, Gore Verbinski o Guillermo del Toro–, surge esta especie de derivación, aun así fiel al espíritu iconoclasta de aquélla, que supone la serie para Netflix Love, Death & Robots.

Lo interesante es que, liberados de las limitaciones del formato largometrajístico –que obliga a buscar un equilibrio entre episodios que, de forma inevitable, provoca que no todos tengan el mismo impacto–, Miller y Fincher han dado absoluta libertad a los creadores que se han adherido a Love, Death & Robots en cuanto a duración, tono y estilo de animación. Y ahí es donde más destaca la serie, en la sensación de frescura que, por regla general, la impregna. No sólo porque no tiene uno la sensación de que los animadores se hayan visto obligados a trabajar con restricciones, sino porque, además, el encargado de la mayor parte de los guiones, Philip Gelatt, ha sido (en general) capaz de respetar la voz propia de los autores aquí adaptados.

Como siempre, el hecho de apreciar unas historias u otras depende mucho de la sensibilidad de cada espectador, pero hay que reconocer que, salvo excepciones, en general el nivel de Love, Death & Robots es bastante correcto –si bien hay que decir que se han escogido quizás demasiadas historias sacadas de antologías SNAFU de Cohesion Press, lo que produce cierta reiteración temática–. En las siguientes líneas analizo, uno por uno, sus episodios:

La ventaja de Sonnie

Esta adaptación de un relato de Peter F. Hamilton destila espíritu EC Comics: tanto es así, que se diría que todo su planteamiento dramático, y las semillas que va plantando respecto a su protagonista, van dirigidas de forma específica al impacto que provoca su conclusión. No se complica, va al grano y juega bien sus cartas: por ejemplo, el uso del color rojo en el clímax, y el espléndido sentido atmosférico que aporta.

Tres robots

Hay que reconocer que los catalanes Víctor Maldonado y Alfredo Torres adaptan con mucho tino y un gran sentido del timing cómico el particular sentido del humor de la historia original de John Scalzi. El sarcasmo con el que el episodio habla de la condición humana es realmente descacharrante, pero es que, además, remata su concatenación de gags con un giro argumental muy, pero que muy divertido.

La testigo

Si este ejercicio depalmiano os recuerda visualmente a Spider-Man: Un nuevo universo, no es casualidad: su responsable, el madrileño Alberto Mielgo, fue el primer director contratado por Sony para el proyecto. Mielgo parte de un bucle pesadillesco, en apariencia, infinito, para construir una auténtica maravilla estética, de aire enfermizo y gran sentido del atmósfera –atención a la secuencia del baile erótico–, en la que además ofrece una rica relectura futurista de Hong Kong.

Trajes

A diferencia del relato de Steven Lewis en el que se basa, esta adaptación animada opta por revelar de forma progresiva el contexto de la historia, partiendo de una relativa cotidianidad que va resquebrajándose hasta explotar en un (escalofriante) plano final. La animación de Blur Studio quizás sea más irregular que la de otros episodios, pero Franck Balson lo compensa con un ritmo imparable y muy buen ojo para la acción.

Devorador de almas

He aquí una historia prototípica, no especialmente original, salvada por un trabajo de animación espléndido. Entre tanto modelado 3D, se agradece la apuesta por la línea clara a lo Paul Dini de Studio La Cachette: la sencillez del trazo le da mucha más fuerza a la mezcla de terror y actioner de la historia original de Kirsten Cross, sobre todo cuando se lanza –además, de cabeza– al gore más desatado.

Yogur al poder

Segunda adaptación de Maldonado y Torres de un relato de John Scalzi –que nació como parodia de La rebelión de Atlas, de Ayn Rand–, aquí los animadores optan por un estilo mucho más caricaturesco, con figuras semejantes a marionetas de trapo, que representan con mucha mayor eficacia el sarcasmo de su (muy) surrealista punto de partida, casi una versión intelectual de In-Natural, de Larry Cohen.

Más allá de Aquila

Me cuesta conectar con la animación hiperrealista por la que apuesta aquí Unit Image, sobre todo porque no creo que los modelados de los personajes estén siempre a la altura de su propia ambición. Y es una lástima porque, escenas de sexo gratuitas aparte, esta adaptación de un relato de Alastair Reynolds propone algo muy interesante: una historia de amor que aplica sobre el molde de Matrix una relectura en clave de terror.

Buena caza

La estética –de nuevo, en forma de animación bidimensional– que Oliver Thomas aplica sobre esta adaptación de un relato de Ken Liu, a caballo entre Disney el anime, encaja a la perfección con su hermosísima (re)lectura del mito chino de los hulijing –los espíritus zorro, que aquí representan la cultura tradicional del país–, que, desde un arranque en tono de wuxia, acaba adentrándose en el terreno del steampunk más tétrico.

El vertedero

Es lógico que el relato de Joe R. Landsdale que adapta este episodio apareciera por primera vez en la revista Rod Serling’s Twilight Zone Magazine: su estructura, incluido giro final, está claramente inspirada en la serie original. En cuanto al trabajo de animación del madrileño Javier Recio Gracia, opta por resaltar más el lado jocoso de Landsdale que el terrorífico, lo que juega un tanto en contra de su (supuesta) sorpresa.

Metamorfosis
Más allá de la (obvia) metáfora racial, Gabriele Pennacchioli no le saca todo el partido a la idea central del relato de Marko Kloos aquí adaptado: la de los hombres lobo siendo utilizados como herramienta militar. Lo mejor del episodio está, sin duda, en los momentos en los que se adentra el terreno del terror, como el momento en el que su protagonista se adentra en un campamento lleno de cadáveres, digno de survival horror.

Mano amiga

En menos de 9 minutos, Jon Yeo es capaz de ofrecer una versión cafre, desesperada –y muy, muy dolorosa– de Gravity. Se apoya, claro está, en la sencillez, no exenta de pullas sociopolíticas sobre la política de recortes de las grandes empresas, del relato original de Claudine Griggs, pero juega muy bien con la tensión de la historia –por momentos, casi insoportable–, manteniendo además el nivel de la animación.

Noche de criaturas marinas

La técnica de cel shading escogida aquí por el director Damian Nenow intenta reflejar ese sentido de la maravilla que oculta esa bellísima historia de fantasmas que era el relato original de Joe R. Landsdale, inspirándose para ello en los mundos marinos del cine de Hayao Miyazaki, y optando por lo contrario que El vertedero: le da aquí preferencia a lo fantástico, a lo extraordinario, que al sarcasmo del escritor.

Afortunados 13

Siendo también una adaptación de un relato (militarista) de Kloos, Afortunados 13 funciona mejor que Metamorfosis porque su director, Jerome Chen, tiene claro el corazón de la historia –la relación casi de amistad que se establece entre una piloto militar intergaláctica y su nave– y se lanza a él apoyándose en el gran fuerte del episodio: la interpretación de Samira Wiley, que llena de humanidad la historia.

Zima Blue

Aunque la estilizada animación bidimensional de Robert Valley puede, inicialmente, resultar chocante, a la hora de la verdad es capaz de captar a la perfección la melancólica hermosura, y sobre todo sus reflexiones sobre la trascendencia y lo que significa ser humano, del relato de Alastair Reynolds que adapta –y sin irse por las ramas de forma innecesaria, como le ocurría a Más allá de Aquila–.

Punto ciego

Básicamente, se trata de una gran secuencia de acción con la que su autor, Vitaliy Shushko, quiere exhibir su concepto, dinámico y testosterónico, de la animación –con un modelado tridimensional que imita lo bidimensional–. Más allá de lo visual, no hay mucho más que rascar detrás de Punto ciego: es pura adrenalina construida sobre un puñado de tópicos sobre las heist movies.

La Edad de Hielo

Miller se guarda para sí mismo el único episodio que mezcla imagen real con animación CGI. Lo cual, por otra parte, no deja de ser lógico, teniendo en cuenta que gran parte de la eficacia de esta adaptación de un relato de Michael Swanwick está en las interpretaciones de Mary Elizabeth Winstead y Topher Grace: es su vis cómica la que ancla un capítulo que, a la hora de la verdad, es una gran pompa de jabón.

Historias alternativas

La trilogía de adaptaciones de Scalzi por parte del dúo Maldonado/Torres se completa con este delicioso ejercicio de humor absurdo, que parte de un elementos de ciencia-ficción más o menos creíble para ir volviéndose cada vez más loco y más surrealista. De nuevo, los directores cambian de estilo de animación, optando por un aspecto de recortable que refleja muy bien todo el delirio de la historia original.

La guerra secreta Otra historia más interesante por la premisa que plantea –y por el trabajo de animación de Digic Pictures, notablemente sólido– que por lo que, en realidad, le ofrece al espectador. Lo más rescatable es la idea del escritor original, David W. Amendola, de que el Ejército Rojo invoque demonios necrófagos para imponerse durante la Revolución Rusa, así como ese clímax repleto de gore y de desesperación.

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 Tonio L. Alarcón

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